Hace poco, descubrí las estadísticas del blog, una amiga que también escribe uno me lo dijo:
-¿te has fijado? ¡Es una pasada!, puedes ver quién te lee y de qué partes del mundo y todo eso.
Al principio me encantó, es alucinante ver todos esos números, algunos de países diferentes que van iluminando en verde el mapamundi, pero después me he dado cuenta de que es como una droga, cada día entro para ver cómo va la cosa. ¡Hasta he puesto una gráfica en la página principal del blog!

Pero no quiero rayarme con los números sino escribir sobre aquello que me gusta y seguir recibiendo vuestros comentarios y opiniones con ilusión. No quiero que me condicionen las audiencias, como en esas series de television que antes de que terminen la primera temporada, ya están fuera de programación. Así que a partir de ahora, voy a tirar las estadísticas a la basura, o por lo menos a dejarlas encima de la tapa, como hicieron con el peluche de la foto.

Hace tiempo publiqué otra foto de una muñeca que también estaba sobre un cubo de basura, como resistiéndose a su destino.
Pocos días después me encontré con esta cebra de peluche, también sobre la tapadera de un cubo de basura, esta vez por el barrio de Malasaña en Madrid. Ésta es una zona muy de moda entre los jóvenes, casi no hay ningún muro libre de pintadas y ninguna manzana sin algún bar en la esquina, allí casi siempre hay vida, sobre todo por la noche.

¿Qué haría un peluche de ese tipo encima de un cubo? Quizá lo llevo alguien como a Pulgarcito sus padres para que se perdiera entre la marabunta. Quizá el peluche se quedó en la tapa porque nadie tiene tan poco corazón de dejar un objeto que le ha acompañado durante los momentos importantes de su vida infantil, dentro de un cubo de basura.
El dueño o dueña cuando se va aproximando al cubo con el peluche cogido del brazo, notará cómo cada vez le pesa más y al llegar al destino, se sentirá incapaz de abrir la tapa. Estoy convencida de que en ese punto decidirá dejarlo encima por si alguien lo quiere (la típica excusa).

Los peluches de infancia son como la materia ni se crean ni se destruyen, resulta difícil saber cómo aparecieron en nuestras vidas y también qué es lo que acaba siendo de ellos, normalmente están abandonados en casa de nuestros padres o abuelos pero también les llega la jubilación antes o después.

Debería de haber algún tipo de retiro o de entierro más digno que la tapa de un cubo de basura para ellos.