Con el cambio climático, la pesca estaba descendiendo a marchas forzadas. La mayoría de la gente que se había dedicado a ello durante años tuvo que dejarlo. Ya llevaban varios años en los que nevaba en la playa, con ese tiempo no se podía faenar.
La playa cambió de aspecto, cada vez se veía más arena y menos barcas reposando por las noches sobre ella. Al final sólo quedó una, la de Mariano que a pesar de las frías temperaturas cada mañana salía a pescar. Sólo cuando su hijo tuvo suficiente edad le confesó su secreto: atrapar el pescado directamente congelado.
Gracias a A. Maya por la foto