Pasear por la calle sin nada más que hacer que mirar el mundo, te hace ver y aprender cosas que jamás habrías pensado.

Cuando era pequeña una de las historias clásicas que me contaban historias de miedo, en principio todo parecía maravilloso, hasta que llegaba la primera noche y empezaban a pasar cosas extrañas. La casa estaba construida sobre un antiguo cementerio indio y claro, a los primeros habitantes de esos territorios, nadie les había preguntado su opinión sobre si se podía construir allí o no. Pensándolo bien, a mí también me molestaría, la verdad, que no me dejaran ni un sitio donde caerme muerta tranquila.

El otro día gracias a un paseo matutino por Madrid, descubrí que los edificios no sólo han terminado con el verde sino que también han trasladado los antiguos cementerios, hasta encontré un blog que mostraba planos con las ubicaciones de los cementerios. ¡Creo que mi casa no está cerca de ninguno! Por eso espero dormir bien esta noche y por supuesto que nadie que lea esto tenga un encuentro con un viejo fantasma de indio cabreado.