Las paredes todavía guardan recuerdos de las viejas escaleras. Animan a descifrar sus misterios como si esas marcas en el edificio vecino fueran las piezas perdidas de un viejo puzle: ¿Cuántos pasos las habrán recorrido? ¿Quién subiría esas escaleras por primera vez?, ¿quién lo haría la última? ¿Qué habría en la habitación de la derecha tan blanca? ¿Y en el piso de arriba?
¿Puede un solar echar de menos sus viejos sonidos?
Un cartel anuncia la próxima construcción ¿cómo será? Posiblemente un edificio de color gris plástico. Con ventanas correderas de las que no aplauden cuando hay viento porque no les importa.
Tendrá una escalera estrecha, fría y blanca. Oculta tras una ancha puerta metálica (como si se avergonzaran de ella). Sólo invitará a subir cuando haya algún corte de luz. Un ascensor inteligente sustituirá al hueco central y anunciará cada piso en que pare con aburrimiento metálico, aunque vaya vacío.
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