Me gusta ir en invierno porque tiene calefacción y es un rato agradable.
No entiendo por qué le gusta tanto eso de la merienda, le gusta sacar unos sandwiches y hacer unos bizcochos estilo inglés que no son más que croisanes del súper tostados y por supuesto ¡el té no puede faltar!

Dice que así jugamos como cuando éramos pequeñitas, ¡es tan cursi! Y ¿lo de hacerse pasar por otros? ¡como si fuéramos ricos!
Por eso no le he dicho nada del despido de Manolo, no soportaría en ella ese gesto de condescendencia. Cuando nos pregunta por el trabajo le contestamos como si nada y pasamos a otro tema.
Siempre se empeña en que nos llevemos fruta, o embutido, que si no se pone malo, dice. ¡No sabe comprar! Que lo hace como si no importara que las cosas se estropearan…Se comporta como si el dinero no importase nada ¡es tan inocente! Antes me negaba, ahora lo cojo, por lo menos nos quita un día de pasar vergüenza en el comedor.
Mi hermana ¡la pobre!
Con la excusa de merendar cada domingo, la invito a casa para verla y comprobar que sigue bien. Ahora que las cosas están peor para todos, se nota que lo están pasando mal. Hace meses que está más delgada. A pesar de su sencillez suele venir impecable: con el pelo estirado en un moño y la misma ropa, que probablemente reserva para esto.
Prefiero que vengan pronto, así estoy segura de que no tendrán problemas al volver. Además como van con la comida, me da miedo que intenten quitársela, dudo que tengan algo más para la semana.
Cuando me pregunta por mis cosas hago como si todo fuera igual, insisto en lo bueno que era mi Paco, ella no sabe que jugaba. Tampoco quise contarle que empecé a trabajar en una casa hace años y que vivo de eso, no quiero que se preocupe, prefiero que pasemos ese rato tranquilo juntas y juguemos ¡como cuando éramos pequeñas!