Cada noche llega tarde de trabajar, se cambia, enciende la radio para no escuchar el silencio de la casa vacía y prepara algo rápido de cena. Cuando le parece que es hora de que el pequeño se acueste, entra en la que será su habitación, se sienta junto a la cama, y con la mano encima de la almohada tararea una canción de cuna.
La letra que tantas veces creyó olvidada, le llega con tal claridad que está convencida de que pronto podrá conocerle por fin.

En el otro lado del mundo en una habitación llena de colchones: los más mayores corretean entre gritos, y cuando no hay nadie vigilando hacen guerras de almohadas.

Uno de los pequeños pasa pegadito a la pared para llegar más rápido y no tropezar con una persecución, ¿cómo explicar su prisa por llegar a la cama, su deseo de volver a escuchar esa música que cada noche suena sólo para él?

Ésta va por ti Patidifusa.