En los días despejados en que hace mucho frío, doy paseos dejándome guiar sólo por las calles donde hace sol, camino sin rumbo disfrutando del calor suave en la cara.
Ese día terminé en una plaza que está pegada a una sala de teatro independiente, en verano la cierran para hacer representaciones de teatro al aire libre y en invierno es el reino de los perros del barrio. Aunque el sol marcaba claramente el recorrido calle abajo, me quedé ahí un rato.
Me gustaron las sombras de los cuatro árboles y las farolas sobre la pared del fondo, esa que en verano es el escenario y al ver mi sombra allí reflejada, se me antojó que podía jugar a un teatrillo de sombras…con vosotros.