Llueve, la gente camina con botas oscuras y gabardinas oscuras, y pensamientos oscuros.
En los coches atascados, el vaho y los limpiaparabrisas aburridos derrapan de un lado a otro del cristal. Cuando consiguen avanzar, se escucha el suelo mojado y los coches pasar como si los hicieran a la plancha: uno shhhhhiiiiiiiiiiiii, otro shhhhhiiiiiiiiiiiii otro más shhhhhhiiiiiii
A la salida del colegio, los niños y niñas pasan por debajo de los paraguas de madre, que esperan en la puerta, hasta llegar al aire libre, donde ya no llueve. Los que tienen más suerte llevan botas de goma color rojo y van al parque a saltar encima de los charcos hasta vaciarlos.
Oscurece y el parque poco a poco se vacía, como los charcos.