Desde que les descubrieran juntos, no volvieron a verse. Ella quedó prisionera en el Viejo Palacio aislada de todo mundo exterior, incluso se rumoreó que había enfermado o quizá desaparecido.
Pero él sentía su presencia, por lo que todos los días a eso de las cinco se acerca a la ventana del ala sur, donde intuye que la tienen recluida, y parado frente a ella, observa la quietud del reflejo en el cristal.
Por un pequeño espacio de tiempo es feliz sabiendo que los dos ven lo mismo.