Estábamos en una zona casi desértica, nos dirigíamos hacia nuestro siguiente destino cuando al entrar en una aldea vimos una gran aglomeración de gente, el guía nos explicó que era día de mercado y se ofreció a que lo viéramos. Decidimos parar.
En la entrada de la vía principal, un grupo de niños jugaba con una pelota improvisada, todos ellos cubiertos de polvo, algunos mayores les miraban y reían con bocas melladas, otros se molestaban de que entorpecían el paso hacia el mercado.
En cuanto nos vieron, parte de ellos dejaron la pelota y empezaron a seguirnos. La gente nos miraba extrañada, aunque Marruecos es un país turístico aquel lugar no parecía ser de los más visitados.
Al pasar la nube de polvo y la aglomeración de la entrada, se veían unos pocos puestos desperdigados con sus productos perfectamente amontonados en el suelo.

Lo que más me gustó de ese mercado, sin lugar a dudas fueron los colores: los azules de las túnicas de los hombres del desierto, recortados sobre el rojo del los tomates, el color sucio de las patatas y al fondo el naranja de las mandarinas y la luz de los limones…todos ellos regando el suelo del desierto salpicándolo como pequeñas chispas.

De nuevo, podría decir, que me gusta esta foto (y punto) pero siempre se me ha dado mal resumir…