«Las tortugas también vuelan» fue la película que elegimos Amparo Quintana y yo para cerrar la semana de la mediación con esta actividad que ya es un clásico. Tuvimos que hacer un esfuerzo por recuperar las palabras que la emoción silencia,  aún así las palabras  fueron brotando y como tuvimos la suerte de contar con la presencia de María Luisa Arias, nuestra cronista oficial, reproduzco aquí su resumen como siempre tan certero y le agradezco su generosidad al compartirlo.

¿Qué ocurriría si la tortuga pudiera desprenderse de su caparazón?, ¿ la llevaría a sentirse más liviana y emprender el sueño de volar? o por el contrario ¿perdería su esencia, su naturaleza, su forma de haber sido como fue acostumbrada a ser?

Cuando el conflicto interno convive con el conflicto externo el ser humano se enfrenta a la necesidad de salir de ese cuerpo que, cubierto de un caparazón de crueles vivencias, lo ahoga hasta el punto de no permitirle ser. Ese es el caso de Agrin, una identidad destruida, abocada a una vida que ni tan siquiera puede ser vivida más allá de un pasado que respira cada día, en la faz de la más absoluta desesperanza, atada a la oscuridad que inunda los ojos del niño que representa lo que ya nunca será pues la ignota paradoja encubre un futuro que entraña la ausencia de él.

Esta es una historia donde la ternura de sus personajes, sus necesidades, sus devastadas existencias, se construyen en unos paisajes que, en su dureza, evocan el desierto de lo abandonado por todos. Donde las notas de color, siendo escasas, enfatizan lo que iluminan como un rubor. Así, las zapatillas malva de Agrin simbolizan lo que se vació de aquello a lo que le fue impedido ser y, como el resto de sus personajes, dibujan lo que va quedando atrás. Porque también se queda atrás la inquebrantable generosidad y entrega del Señor Satélite que siempre estuvo buscando una chica como ella y que con la pérdida de su integridad física, pierde parte de lo que más valora, su orgullo, su prestigio, su honor, aquello que le hizo construirse como un líder y hábil negociador que, seguro de su liderazgo, integra la llegada de “El Manco” en beneficio de la comunidad, lo empodera como parte del contenido ilusionante que permite vivir a un grupo de gentes desarraigadas en un espacio hostil donde las fronteras surgen de la noche a la mañana, representadas por ese alambre de espino que además de separar y disuadir, hiere como siempre hieren las barreras.

Finalmente comprendemos que, para seguir viviendo, y aún a riesgo de perder parte de nosotros mismos, cierta

María Luisa Arias (Enero 2020)s emociones y sentimientos necesitan ser desactivados, como las minas, pues si no se desactivan pueden hacernos volar en mil pedazos.

Durante el coloquio salieron varias referencias a nuestro último podcast de «Te cuento a gotas» en el que nos proponíamos ante el Apocalípsis, sembrar miguitas de paz. Podéis escucharlo en el enlace.

Aprovecho para invitaros a nuestro próximo cinefórum donde veremos «En buenas manos» una película que trata la adopción y los vínculos visibles e invisibles.  Será el próximo 11 de febrero de 19:00 a 22:00 Aquí tenéis toda la información.