El pasado enero celebraba un año de emisión de «La palabra lo cura» el nuevo podcast en el que comparto historias contadas de viva voz. Inicié este proyecto con ganas de compartir historias que me inspiran y también de escuchar historias de otras personas, en concreto, locuras.
Me gusta mucho recibir feed back por parte de quienes me escuchan, en muchos casos me hablan de que lo hacen deteniéndose, buscando el momento de saborearlo. Me cuentan los recuerdos que les evocan las historias y me dicen que cada capítulo les abre muchos caminos. Muchas gracias por escuchar.

Hace tiempo alguien me dijo que todos deberíamos ser frikis de algo, y yo lo soy: de las buenas historias, de las buenas historias de las personas, de los libros, del cine, del teatro.

Para mí es un placer poder compartir aquello que me inspira y hacerlo me lleva a bucear en ello, a profundizar, a saborearlo a fondo. Volver para contarlo, es como cuando llevas a alguien a conocer un lugar que a ti te ha gustado mucho.
Así que solo me queda agradecer, a las personas que escucháis «La palabra lo cura» y también a las musas que abren mis caminos.

En el podcast de aniversario, como celebración de cumpleaños, compartí una historia que es un cruce de caminos: por un lado del libro «El viajero de la noche» de Maurizio Maggiani, un verdadero canto a las historias contadas, lleno de  viajes dentro que nos llevan desde el desierto del hoggar a las golondrinas pasando por la guerra de Bosnia y los osos. Dicho así puede sonar un poco loco y puede que lo sea, pero está lleno de belleza, de sugerencias para enriquecer nuestra imaginación.

Otro de los caminos es el de los encuentros que genera el compartir los libros que amamos. Llevaba mucho tiempo queriendo volver a leer el Viajero de la noche y también, recomendándoselo a mi amiga Ana Lía, gran lectora  y escritora. Cuando ella comenzó la lectura, empezó a mandarme fragmentos que le emocionaban y esto reactivo en mí el deseo y también el gusto por ese texto. Fue por ese motivo que le pedí que lo grabara y nos leyera para poderla escuchar todas las personas que siguen el podcast. Escuchar a Ana leer en voz alta, es un placer, ya veréis, os he dejado el capítulo ahí arriba.

Y por último el camino de la osa Amapola, esa de la que el protagonista queda completamente prendado, en parte por seguirla sin conocerla, por descubrirla por sus rastros y movimientos, por haberla elegido y nombrado en honor de su padre. Amapola es una osa que en lugar de deambular, como acostumbran a hacer los osos, migra. Se ve obligada a hacerlo como todos los de su especie que sufren la guerra, en realidad como todos los de cualquier especie que sufre la guerra.

Y esta osa me lleva  mirar a las estrellas, a recuperar el Mito de la caza cósmica, la historia de la constelación de la Osa Mayor que viene contándose desde el Paleolítico, ¿te imaginas si pudiéramos paladear las viejas historias como los vinos de reserva?

Cierro con la «Locura que cura» de mi amiga y compañera de podcast Sonia Jiménez Romero que nos cuenta de cuando lsu chica de es momento, le dio la sorpresa de llevarla de viaje a Londres por un día. Es una locura de amor maravillosa. Mejor que te la escuches de su boca.

Este capítulo es la fiesta de celebración de un año y de un «continuará» y es una suerte hacerlo tan bien rodeada.

Espero que la disfrutes tanto como yo haciéndola. Y recuerda: la palabra, lo cura.