Como cada día desde hace cinco años, sale temprano de casa, acompañada de su pequeña maleta. Llega un tren, después otro, otro, otro… Ella le busca, al principio ilusionada, después cada vez más triste. Mañana seguro que vendrá -piensa mientras vuelve a casa- lo prometió.

Hoy una sonrisa ilumina su cara. En la estación, coge el tren de las 8:55 dirección Jaén, alguien le ha dicho que desde hace cinco años un hombre espera en el andén todas las mañanas. Estaba claro: ese hombre formaba parte de su destino.