Voy a crear una nueva etiqueta en el blog de juguetes perdidos. Si te fijas, hay muchísimos por la calle. Cada vez que veo uno me pasa lo mismo, me entra pena, en primer lugar por el muñeco abandonado y también por el niño o niña que lo perdió.

Pero tenemos que distinguir entre dos tipos de juguetes perdidos, los que se pierden de verdad, y los que son víctimas de una limpieza a fondo.
Todas las casas familiares pasan por un momento de limpieza en el que se tiran esos objetos de años (e incluso siglos) anteriores. Hay lugares como: el dormitorio en la casa del pueblo, o en el apartamento de la playa o el de casa de tus padres, que conservan la estética de otro tiempo: entras y te sientes abducida por el pasado, con todos esos recuerdos envolviéndote.

Ésa es la visión romántica, pasa sobre todo cuando se trata de tu habitación, pero cuando entras en la de otra persona y si encima es mayor que tú, suele ocurrir que hay algun muñeco que te da mal rollo: como las muñecas de porcelana, o esos muñecos de goma que suelen tener el pelo como si pertenecieran a un grupo de rock moderno y van desnudos y retorcidos por la vida. Aparte de estos tipos, existe otro: los muñecos de fieltro, como el de la foto.

Para mí éste forma parte de los que dan mal rollo, de hecho mirándolo bien creo que me recuerda a las muñecas hinchables por ese gesto en los labios y esa semi apertura de los brazos…¡Ya está! Seguro que el inventor de las muñecas hinchables perdió un muñeco como éste en la infancia, siempre soñó con recuperarlo y como no pudo, buscó una excusa para seguir disfrutando de un muñeco igual fuera de sus primeros años…