Esta historia surgió cruzando un puente dedicado a la Libertad. Iba yo sola, pensativa, con las manos en los bolsillos, entonces me encontré con una pluma, me trajo recuerdos de quien me la había regalado, como  gesto de amor, y esos recuerdos se volvieron muy pesados, quise liberarla, tirarla al río.

Te lo cuento en tiempo real:

Atravieso el puente más antiguo de Budapest: El puente de las Cadenas, mientras escucho el viento soplar. Llevo la la pluma en la mano, la acaricio con los dedos y siento su textura suave. Estoy en el centro del puente, me paro y observo el agua pasar y  en el agua mi sombra y mi sombra en la del del puente y todas las sombras proyectadas sobre el agua, que pasa. Veo el tiempo: todo  pasa y pasará hasta marcharse.

Pasa el agua, pasa el puente, pasa la sombra, paso yo.

Miro la pluma entre mis dedos, quiero tirarla aguas abajo, liberarme del peso de sus recuerdos, que caiga y el el río la lleve donde quiera.

Extiendo la mano y la suelto y el viento deja de soplar. No sopla ni una brisa, la pluma se detiene en el aire, luego se desliza a la altura de mis pies al otro lado de la barandilla y se posa. No puedo cogerla sin riesgo de caerme, la observo totalmente quieta.

Estoy a punto de irme y dejarla ahí como una pluma absurda detenida, entonces una ráfaga de viento sopla y la ella inicia su viaje pero no cae hacia el río como yo imaginé sino que vuela por encima de mi cabeza, otra racha más fuerte y sube todavía más alto separándose del puente, con la siguiente ráfaga vuela en zigzag como si fuera un pájaro, me cuesta seguirla está tan lejos que se confunde con las colinas de Pest.
La distingo por  última vez, un pájaro va hacia ella, vuelan juntos. La pluma continúa su camino: arriba, arriba, arriba hasta perderse en el cielo.

Entonces una frase resuena en mi cabeza: las plumas son para volar.

Cruzo el puente dedicado a la libertad  mientras los pesados recuerdos se hunden en el río. Todo pasa, pasa el río, pasa la sombra, paso yo.

podéis escuchar una canción húngara es de una cantante que quizá conozcáis por una nana que aparece en el Paciente Inglés, se llama Márta Sebestyén.