Cuentan que el hombre rico hizo traer del otro continente esclavos para trabajar en sus minas. Estos llegaron a cavar tan profundo que se encontraron con criaturas con las que ninguna persona había soñado. Muchos de ellos morían pero eran sustituidos por otros nuevos y estos a su vez por otros, es difícil saber cuántos de ellos murieron entre aquellas paredes de roca.
Cuando la montaña, herida de muerte, se negó a dar más oro, el hombre rico mandó colocar todos los cofres y transportarlos al puerto. Allí llenó hasta veinte galeones de oro y se preparó para partir de vuelta a su país.
Los marinos del lugar le recomendaron que esperara mejores tiempos para ese viaje tan largo, pero el hombre rico no atendía a razones y en cuanto tuvo todo preparado, la comitiva zarpó.
Cuentan que esa tormenta fue la mayor en la historia de aquellas islas. No hubo un solo barco que quedara a flote, todos se hundieron y con ellos el oro que tantas vidas había costado. Después de varios días de tormenta, las aguas se calmaron, no consiguieron encontrar ningún resto, el mar se lo había tragado todo, quizá como recuerdo del oro arrancado a las entrañas de la tierra, desde entonces el agua es dorada.