_ Mamá, ¿podemos irnos ya? -dijo mi hermano pequeño justo antes de que el mayor le diera un empellón que casi le arrastra al suelo.
Ella no contestaba, iba mirando uno a uno los capiteles con atención.
_ ¡Hace mucho frío!
Mi madre se había parado delante de un relieve y no hacía ningún caso de nuestras quejas.
_ Venir aquí
Todos nos reunimos a su lado, mis hermanos seguían con sus juegos de empujarse, ahora en silencio. Mi madre nos señalaba el relieve con paciencia
_ ¿Veis eso?, se podría decir que fueron los primeros cómics de la historia. Se hacían así para la gente que no sabía leer. A ver ¿quién sabe decirme qué es?
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Hace años probablemente habría dicho que la señora tenía una cosa rara saliéndole de dentro y pisándole la cabeza, mi madre me explicaría que es un demonio, la mujer estaba endemoniada y el monje situado a su derecha, la había llevado hasta el santo para limpiarla.
Hoy lo veo de otra manera: una mujer pecadora entre dos hombres, la mujer como símbolo del pecado, acompañada por un sacerdote que le toca con cariño el muslo y la lleva para ser purificada.