Es una pena, siempre se prohiben las cosas más divertidas. El otro día al pasar por delante de un portal me encontré con un cartel que decía: «prohibido deslizarse por la rampa».
Se supone que para hacer el portal accesible, éste tenía una rampa con un nivel de inclinación tal que dudo mucho que alguien en una silla de ruedas se atreviera a meterse por ahí y por supuesto ninguna madre o padre responsable bajaría un carro con su bebé dentro por semejante cuesta.
Así que ¿cómo aprovechar una rampa de semejante calibre?

Los más pequeños de la casa tienen la respuesta a esta cuestión: deslizarse por ella como si fuera un tobogán.
Pero, alguien, quizá la persona que la diseñó para mejores fines (sin tener en cuenta la peligrosidad de la misma) no está dispuesto a que el uso de la rampa pueda ser divertido.

¿Qué más les dará digo yo? ¿qué problema puede haber en que unos niños se deslicen hacia abajo? Quizá no sea más que envidia.
A lo mejor para fomentar unas relaciones más pacíficas en la comunidad de vecinos sería conveniente cambiar el cartel por otro que dijera:
«Adelante, deslícense por la rampa hasta que ésta brille»
Seguro que así las vidas de todos serían mucho más alegres: en cuanto pueda iré a esa casa a tirarme rampa abajo.